Lo que tienen los libros:
Cuando me pongo a escribir (es mi caso, claro, cada uno tiene sus propias sensaciones y maneras. Supongo), muchas veces no sé ni de qué voy a escribir.
En este caso, en Las 19, una de las cosas que tenía muy claras es que no quería mostrar los sitios conocidos, ni destacar lo más bello, no quería mostrar lo evidente de los pueblos y, en las historias, quería también alejarme de las más conocidas, más comunes o leyendas, no quería que se pareciese en nada a un trabajo periodístico ni histórico. La cosa es que quería quedarme en lo pequeño de cada pueblo y hablar a su vez de las cosas más pequeñas; las grandes, la belleza que se ve a simple vista, están documentadas en las guías turísticas, artículos o libros de investigación sobre la zona o simplemente se descubren paseando por ellos. Siempre nos fijamos en lo evidente (que mola mucho, pero en esta ocasión no vi la necesidad de contarlo) y se nos escapa lo menos significativo, lo menos evidente; pues eso pequeño es lo que intenté enseñar de los lugares y las personas que me encontré.
En la historia de Cretas lo cuento, en este relato explico lo que intento mostrar del paisaje del Matarraña. También en las historias busqué lo pequeño y más filosófico, intenté huir de lo macro y lo espectacular.
De todas maneras, el título (ya ambiguo de por sí: ¿Las 19 historias? ¿Las 19 mujeres? ¿Las 19 cosas? ¿Las 19 pozas? ¿Las 19...?) te puede llevar a pensar que te vas a encontrar una cosa y, al leerlo, se expone otra que no te esperabas. Eso también es voluntario; todos los libros son del lector, cada lector lee un libro distinto, aunque en su interior sean las mismas palabras, puntos y comas.
Yo escribí con una intención y con unas ideas, pero una vez vuela a otras manos, a otros ojos, a otras mentes, eso desaparece y los pensamientos del que lo escribe dejan de tener valor alguno. Más o menos esto (hay más, pero sería muy largo. Jijiji).
Hasta aquí es un WhatsApp que escribí a una lectora que echó de menos que destacase las cosas más bellas de su pueblo, que hablase de sus calles empedradas, sus balcones, sus…
Es curioso las mil formas, en este caso cientos (el libro no ha llegado, ni pienso que llegue, a miles), de leer un libro. Los comentarios que me han hecho lectores son múltiples. Algunos me han sorprendido, como por ejemplo cuando Salvador me confirmó que conocía al amigo que se hizo amigo de mi amigo Jean Luc en Valdeltormo, incluso me dijo dónde vivía (el amigo de mi amigo); también me sorprenden las deducciones sobre cosas que ni siquiera sabía que estaban en estos textos, que nunca se me habían pasado por la imaginación, ni se acercaron a mi intención. Me gustó que me comentasen que se rieron leyéndolo tanto Francisco Rivas (abogado de pro), Fernando Jordán (gestor de renombre, al que le cogí prestado su nombre para darle categoría de juez en el cuento de El último reo de La Portellada) o Ester Escofet (la de la casa que más me gusta de mi pueblo).
También los hay que se han “malhumorado” por la falta de datos históricos, estos últimos, muchas veces, de paso, me muestran su saber y me llenan de datos sobre los lugares matarrañeses y más, que desgraciadamente, dada mi mala memoria, no logro retener. Me agrada saber que a algunos les despertó la curiosidad por ¿quién será este tío o dónde estará este sitio? O incluso haberles descubierto un rincón de su pueblo en el que nunca se habían fijado.
Aún recuerdo cuando Octaví Serret me comentó que no recordaba a Anastasio de Una visión única, que no sabía quién era. Me gustó mucho cuando una tal Isabel me comentó que se leyó el libro de Stefan Zweig que se estaba leyendo la protagonista de la historia de Torres de Arcas. O Francisco Rabat, que me comentó que una vez conoció a un tal Esteban Zapata que era cantante de orquesta (sale uno con este nombre en la de Fuentespalda). Ya no digamos gente que me ha dado pistas sobre el libro que protagoniza la historia del Mas del Llamador. O el que se atrevió con la receta que aparece en la página noventa y cuatro del libro. O que un razonamiento pseudofilosófico les dio por pensar en algo que nunca se habían planteado.
La experiencia de saber sobre los lectores y que se acerquen o me escriban para explicarme lo que han sentido me ha molado mucho, no esperaba tanta cosa. En resumen, claramente, Las 19 hace días que dejó de ser mío.
Huy… Me dejaba de comentar una crítica que me hizo Ramón Mur cuando presenté el libro en la Casa Filou de Belmonte de San José. El hombre vino con apuntes y todo, creo que es la persona, de los que me han comentado, que más se ha acercado a lo que intenté plasmar en el libro. También me descubrió cosas que ignoraba y que supuestamente están en Las 19 del Matarraña. Es un tipo muy curioso y espabilao, me pareció majo.
