WhatsApp y algo más



Olivo Matarraña - José Manue Chamorro


Aquí dejo este dibujo de José Manuel Chamorro que sale en el libro Las 19 del Matarraña. En esta foto se puede ver el color que tiene la versión original, cosa que no se aprecia en el libro, ya que las ilustraciones son todas en blanco y negro. Este olivo me gusta mucho, me mola este aire de cómic que le encuentro (le encuentro yo, quizá otra persona ve otra cosa; soy muy, muy fan de los cómics). La verdad es que me gustan todos los olivos que salen en el libro. La cosa es que, aparte de la calidad artística de los dibujos, me molan porque no compiten entre ellos, ya que cada uno refleja un estilo distinto (eso me gusta mucho). Creo recordar que son cinco (olivos), cada uno con su interés particular y con mucho que observar si te detienes un rato.

Por ejemplo, este que dejo hoy tiene sus cosas particulares (como también las tienen los otros cuatro). Si te fijas, y aunque soy de la creencia de que el arte no hay que explicarlo, ya que cada cual lo ve a su manera, hoy voy a desvelar unas cosicas. Este dibujo sale en la página diecinueve, en el capítulo que se titula Mi nuevo hogar. En este olivo se muestra un mapa oculto que viene muy a cuento con el título del capítulo en cuestión. No fue algo hecho a propósito, pero se da esta coincidencia. En ocasiones, los elementos se alinean por causas que se nos escapan; en este hecho, la causa que aúna mi nuevo hogar y este olivo le podríamos llamar azar. Además, el azar es uno de los elementos destacados en el libro (sobre todo en su primera parte).

A este dibujo me gusta llamarle El Olivo Matarraña. El nombre es porque, si lo buscas, encontrarás el mapa, el mapa de mi nuevo hogar.




Lo que tienen los libros:

Cuando me pongo a escribir (es mi caso, claro; cada uno tiene sus propias sensaciones y maneras. Supongo), muchas veces no sé ni de qué voy a escribir.

En este caso, en Las 19, tenía un par de cosas claras antes de ponerme a escribir, una de ellas era que no quería mostrar los rincones más conocidos de los pueblos de los que iba a escribir, ni destacar lo más bello. No quería mostrar lo evidente de los pueblos y, en las historias, quería también alejarme de las más conocidas, más comunes o leyendas. No quería que se pareciese en nada a un trabajo periodístico ni histórico. La cosa es que quería quedarme en lo pequeño de cada pueblo y hablar a su vez de las cosas más pequeñas; las grandes, la belleza que se ve a simple vista, están documentadas en las guías turísticas, artículos o libros de investigación sobre la zona o simplemente se descubren paseando por ellos. Siempre nos fijamos en lo evidente (que mola mucho, pero en esta ocasión no vi la necesidad de contarlo) y se nos escapa lo menos significativo, lo menos evidente; pues eso pequeño es lo que intenté enseñar de los lugares y las personas que me encontré.

En la historia de Cretas hablo de esto; en este relato explico lo que intento mostrar del paisaje del Matarraña. También en las historias busqué lo pequeño y más filosófico, intenté huir de lo macro y lo espectacular.

De todas maneras, el título (ya ambiguo de por sí: ¿Las 19 historias? ¿Las 19 mujeres? ¿Las 19 cosas? ¿Las 19 pozas? ¿Las 19...?) te puede llevar a pensar que te vas a encontrar una cosa y, al leerlo, se expone otra que no te esperabas. Eso también es voluntario; todos los libros son del lector, cada lector lee un libro distinto, aunque en su interior sean las mismas palabras, puntos y comas.

Yo escribí con una intención y con unas ideas, pero una vez vuela a otras manos, a otros ojos, a otras mentes, eso desaparece y los pensamientos del que lo escribe dejan de tener valor alguno. Más o menos esto (hay más, pero sería muy largo. Jijiji).


Hasta aquí es un WhatsApp que escribí a una lectora que me comentó que echaba de menos que destacase las cosas más bellas de su pueblo, que hablase de sus calles empedradas, sus espectaculares balcones, sus…


Es curioso las mil formas, en este caso cientos (el libro no ha llegado, ni pienso que llegue, a miles de lectores), de leer un libro. Los comentarios que me han hecho lectores son múltiples. Algunos me han sorprendido, como por ejemplo cuando Salvador me confirmó que conocía al amigo que se hizo amigo de mi amigo Jean Luc en Valdeltormo; incluso me dijo dónde vivía (el amigo de mi amigo). También me sorprenden las deducciones sobre cosas que ni siquiera sabía que estaban en estos textos, que nunca se me habían pasado por la imaginación, ni se acercaron a mi intención. Me gustó que me comentasen que se rieron leyéndolo tanto Francisco Rivas (abogado de pro), Fernando Jordán (gestor de renombre, al que le cogí prestado su nombre para darle categoría de juez en el cuento de El último reo de La Portellada) o Ester Escofet (la de la casa que más me gusta de mi pueblo).

También los hay que se han “malhumorado” por la falta de datos históricos; estos últimos, muchas veces, de paso, me muestran su saber y me llenan de datos sobre los lugares matarrañeses y más, que desgraciadamente, dada mi mala memoria, no logro retener. Me agrada saber que a algunos les despertó la curiosidad por ¿quién será este tío o dónde estará este sitio? O incluso haberles descubierto un rincón de su pueblo en el que nunca se habían fijado.

Aún recuerdo cuando Octaví Serret me comentó que no recordaba al Anastasio de Una visión única, que no sabía quién era (él, que conoce a casi todo el mundo de Valderrobres). Me gustó mucho cuando una tal Isabel me comentó que buscó y se leyó el libro de Stefan Zweig que se estaba leyendo la protagonista de la historia de Torres de Arcas. O Francisco Rabat, que me comentó que una vez conoció a un tal Esteban Zapata que era cantante de orquesta (sale uno con este nombre en la de Fuentespalda). Ya no digamos gente que me ha dado pistas sobre el libro verde del que hablo en la historia del Mas del Llaurador. O el que se atrevió con la receta que aparece en la página noventa y cuatro del libro. O que Juana cambiase de actitud al leer el mensaje pseudofilosófico de Santiago Blanc Serrat de Pañarroya y le llevase a pensar que hay cosas bellas más allá de su paisaje. O cuando Natalia me comentó que estuvo varios días dándole vueltas al discurso del francés que fumaba en pipa en la Font Vella y un día me pidió que le diese sentido al tema (creo que no supe hacerlo. Creo).

La experiencia de saber sobre los lectores que se han acercado o me han escrito para explicarme lo que han sentido o hacerme preguntas me ha molado mucho; no esperaba tanta cosa. En resumen, claramente, Las 19 hace días que dejó de ser mío.

Huy… Me dejaba de comentar una crítica que me hizo Ramón Mur cuando presenté el libro en la Casa Filou de Belmonte de San José. El hombre vino con apuntes y todo. Creo que es la persona, de los que le han intentado encontrar un sentido al todo, que más se ha acercado a lo que intenté plasmar en el libro (no sé yo si eso es bueno o no). También me descubrió cosas que ignoraba y que supuestamente están en Las 19 del Matarraña. Es un tipo simpático, muy curioso y espabilao, me pareció majo. Ya vale.